LA FUENTE DE ALMANZOR
Me acabo de despertar cubierta de un sudor frío, no se porque, quizá por la leyenda que escuché ayer en el bar. Me hizo reflexionar sobre la desaparición de mi prometido, se que solo es una leyenda, pero ya que no puedo dormir, allá va, quizá así pueda quitármela de la cabeza.
En los tiempos en que los musulmanes residían en la península, en Almedíjar vivía Almázar, un joven guerrero musulmán. Un día se adentró en el bosque, cuyos senderos yacían cubiertos de una abundante vegetación: helechos y malas hierbas cubrían la tierra y dificultaban el paso. El guerrero herido gravemente por unos guerrilleros cristianos se dirigía al corazón del bosque dejando un rastro de sangre sobre sus pasos aquí, las plantas trepadoras ya subían encaramándose por los añosos troncos recién descorchados de los alcornoques, cuyas copas empezaban a tocarse y se confundían entre si. Sus gemidos resonaban por todo el bosque como un lobo herido. A lo lejos se vislumbró una hermosa fuente y notó que algo sobrenatural lo atraía hacia ella y que unos ojos misteriosos controlaban todos sus movimientos con sigilo. Cuando llegó a la fuente, cuyas aguas transparentes y nítidas reflejaban su aspecto deplorable oyó una voz que le susurró que aquellas aguas lo sanarían. Fue entonces cuando apareció de entre los alcornoques una chica hermosa, hermosa y pálida como la nieve; ojos verdes y profundos como el bosque, cabello largo y abundante de color rojo como la sangre y ondulado. Parecía una campesina, aunque sus gestos y acciones parecían los de una cristiana noble. Se le acercó cautelosamente y empezó a curarle las heridas con el agua de la fuente, cada vez que el agua tocaba sus heridas, producía una sensación de alivio y cada vez que su mano rozaba su piel, un escalofrío lo recorría de pies a cabeza y se le erizaba el vello. Cuando la miró a los ojos y ella le devolvió la mirada, sintió que un amor surgía de su interior, dirigió su mirada hacia las heridas y vio que ya estaban curadas. Volvió a dirigir su mirada hacia ella, pero ya no estaba. Cansado de buscarla por todo el bosque, notó que anochecía y decidió volver a la fuente al día siguiente.
Después de muchos días acudiendo a la fuente en vano,…
… Un día apareció. Almázar, al verla, se arrodilló y le confesó su amor; no quería volver a perderla. Ella le respondió que ese amor era imposible. Ella no era lo que parecía, le dijo. Almázar, confuso le preguntó el porqué. Y ella empezó a contarle la historia: Muchos años atrás de que los musulmanes llegaran a la península, un hombre muy extraño que iba de paso, paró en la fuente. En esos momentos, ella un a humilde campesina que vivía en una aldea cercana al bosque se encontraba allí en la fuente pensado en su amado cuando ese hombre se le acercó. Empezó a preguntarle cosas pero ella lo ignoraba. Así, varios días, semanas, meses. Harta ya de tantas preguntas, le preguntó qué quería y éste le respondió que a ella. Ella negó; amaba ya a otro hombre éste lleno de rabia y odio juró que si no era suya, no sería de nadie más y le echó una maldición que la hizo inmortal, manteniéndose tan joven y hermosa como el día que la conoció y no podría besar a ningún otro hombre que no fuera él. Los años pasaron pero ella nunca lograría enamorarse de alguien como él. Antes de que ella pudiera acabar de contar la historia, Almánzar no pudo resistir la tentación de besarla y cuando sus labios tocaron los de la chica, sintió que un dolor muy intenso lo recorría todo y lo paralizaba. Éste chilló tan fuerte que resonó por todo el bosque. Minutos después era uno de lops varios alcornoques que rodeaban la fuente. La chica, desesperada, se adentró entre las aguas de la fuente lamentándose de no haberle podido contar el desenlace de la maldición que volvió a cumplirse como tantas veces anteriores.
Nunca se supo más de él.
Marina Martínez
Cristina Sánchez
