El santo de la piedra
La primera noche que acampamos en el monte no pudimos dormir, ya que un chico que nos acompañaba y conocía los alrededores nos contó una historia que sucedió en el mismo lugar donde nos encontrábamos. Era una noche en que dominaba el silencio; un silencio lleno de rumores. Unas pisadas lentas sonaban sobre las hojas caídas y secas de los alcornoques. A la mañana siguiente decidimos escribir esta historia.
En una mañana soleada, en la que el agua cristalina del río descendía con fuerza, alrededor el musgo húmedo incrustado en las piedras le daba un peculiar colorido al paisaje. Solo rompía el silencio en el que estaba inverso el monte el murmullo de las hojas al caer de los alcornoques y rozar entre ellas, las enredaderas trepaban cubriendo gran parte de los troncos e intentando alcanzar el sol. En medio de toda aquella paz se encontraba la casa de una familia muy conocida en la Vall, esa mañana fueron temprano ya que habían quedado con unos amigos para pasar el día en el monte.
La mañana transcurrió tranquila .Las dos parejas hablaban en la terraza gozando de los calurosos i penetrantes rayos de sol, mientras sus hijos correteaban alegres por los alrededores. Se acercaba la hora de comer y una brisa helada y ruidosa, que pretendía anunciar una posible tormenta, les obligó a comer en el interior de la casa. Al terminar de comer al viento que había se le añadieron unas nubes espesas que ya no dejaban ver el sol. Los niños desobedecieron a sus padres y salieron a jugar al escondite. Uno de los niños se escondió tan bien que los otros no lo encontraban, cansados de buscarlo decidieron regresar a la casa. Cuando los niños llegaron a la casa se desato una gran tormenta. Una tormenta peor que las que se narran en las novelas de terror, con unos rayos y truenos que te hacían estremecer.
Al instante se dieron cuenta que uno de los niños faltaba, e inmediatamente salieron a buscarlo en medio de aquella terrible y peligrosa tormenta. Estuvieron buscándolo durante horas en aquella oscuridad, pero tan solo encontraron una chaqueta que pertenecía al niño, entonces unos lobos empezaron a aullar, por el miedo y la confusión tenían que regresar a la casa, aunque la madre desolada, gritaba y lloraba sin cesar lloraba por la pérdida de su hijo y no se quería marchar ni aunque mil lobos la rodearan.
Los días pasaban y no tenían noticias del niño, mucha gente del pueblo ayudó en su búsqueda pero todos temían que hubiera muerto, menos la madre, que poseída por la locura, la segunda noche de haber desaparecido el niño se fue sola al monte y pasó toda la noche buscándolo.
A la mañana siguiente cuando muerta de cansancio, y los ojos enrojecidos de tanto llorar, le pereció ver a su hijo pero le pareció que era un espejismo, y a su lado la imagen de un santo cuidándolo, se fue acercando y cada vez le parecía mas real hasta que lo tocó en ese instante todo se paró, era él, su hijo y en ese momento creyó ser la persona más feliz del mundo. Cogió a su hijo entre lágrimas pero esta vez de alegría y regresó al pueblo donde todos la esperaban. Narró la historia y comentó lo de la imagen del santo, y para recordarlo construyeron una imagen de un santo en el lugar donde encontraron al niño.
Carla zarzoso
Laura hidalgo

... dijo
k Mono xfavor!
15 Marzo 2006 | 06:02 PM