Hace algunos días mis compañeros y yo visitamos la Sierra de Espadán. Durante el camino nos acompañó un hombre que nos iba guiando. Haciendo este trayecto nos encontramos con una vieja cabaña. Nos dijo que nos sentáramos porque nos iba a contar una antigua leyenda sobre ésta.

En esta sierra había un río que pasaba lamiendo las viejas paredes de una cabaña que estaba hecha de madera, donde años atrás los trabajadores la utilizaban para guardar sus herramientas.

Los senderos que nos conducían a ella tenían una vegetación frondosa con numerosas piedras y los árboles más abundantes eran los alcornoques que eran acompañados de álamos cuyas copas se tocaban y se confundían entre sí y las artigas brotaban en medio del camino. La mayor parte de la cabaña era cubierta por plantas trepadoras que subían por sus paredes.

Hace muchos años, en un pueblo cercano a la sierra, cuyos habitantes eran humildes y trabajadores, vivía una familia rica que destacaba sobre ellos. Éstos tenían una hija, de unos 20 años de edad que destacaba por su belleza. Su nombre era Elena, tenía una larga melena morena y unos ojos verdes que resaltaban el color de su piel. Sus padres, como hija única que era, la consintieron mucho y esperaban que se casara con un hombre de su misma clase social, ya que las habladurías de la gente afectarían su reputación.

Sus padres, al tener la edad para casarse, le buscaron como esposo al hijo de unos grandes amigos de la familia de ellos, sin que importara su opinión, pero el corazón de ella ya estaba ocupado por otro hombre. Llevaba su amor en silencio porque sabía que su amado no sería del agrado de sus padres, era pobre. Él se llamaba Miguel, era de familia humilde, aunque muy trabajadora. Se conocieron cuando él empezó a trabajar en su casa como peón. Ella al verlo se enamoró perdidamente de él, ya que era muy apuesto, con ojos azules y pelo claro.

Todas las noches, sin que sus padres se enteraran, ella se escapaba por la ventana de su habitación para unirse con su amor. Sus encuentros eran durante la madrugada, cuando todo el pueblo dormía. Se encontraban en una vieja cabaña de la sierra, al lado de un río. Allí daban rienda suelta a su pasión. Se juraban amor eterno y solo la muerte los podría separar. En esos momentos solo importaban ellos dos, teniendo únicamente como testigo de sus sentimientos a la luna.

Una noche ella, como siempre, fue a encontrarse con él, pero sin ella darse cuenta, su padre la vio salir a escondidas de casa y quiso saber donde iba, así que la siguió. Cuando llegó a la cabaña y vio a su hija con Miguel, se llevó un gran disgusto porque Elena le había decepcionado al estar saliendo con un peón. Él tuvo que aguantarse su rabia para no entrar y matar a su hija con sus propias manos.

Al día siguiente se propuso acabar con esa relación y mandó a uno de sus hombres que matase al hombre que estaba con su hija.

Al llegar la madrugada para entretener la salida a Elena, fingió estar enfermo y le pidió a ella que se quedara con él. Cuando supuso que ya estaría muerto le dijo a su hija que se podía ir a descansar, porque ya se encontraba mejor, aunque sabía que se iría al monte. Así fue.
Ella por el camino estaba ansiosa por llegar para poder abrazarlo y besarlo, pero nada fue cono esperaba. Al llegar a la cabaña vio el cuerpo de Miguel tirado en el suelo y lleno de sangre, ella al verlo rompió en un mar de lágrimas y se abalanzó sobre el cuerpo de su amado ya sin vida, intentando reanimarlo, pero su esfuerzo no sirvió de nada, él ya estaba muerto. Elena no entendía nada se lo que había sucedido, sólo sabía que no se imaginaba su vida sin Miguel, porque era el hombre que amaba, así que sin pensárselo dos veces cogió el puñal y terminó con su vida.

Su padre al ver que no llegaba decidió ir en su busca. Entro en la cabaña y vio los dos cuerpos ya muertos. Él se arrepintió mucho por lo que hizo, porque sin quererlo había terminado con la vida de su hija y pensó que fue muy egoísta porque realmente ellos dos se amaban.

LUCÍA CERDÁ GARCÍA Y ESTEFANÍA PEÑARROJA JOVER